Lo último

Otros titulares

Navigation

¿Angola, quo vadis?


Angola salió en 2002 de una guerra civil que asoló el país durante 27 años y se convirtió en una potencia regional en el contexto de África Subsahariana, convergiendo hacia una economía de mercado con un rendimiento anual per cápita próximo a los 6,000 dólares. 

El país es rico en recursos naturales, con especial capacidad de producción de petróleo, que representa cerca del 50% del Producto Interior Bruto, más del 70% de los ingresos fiscales y más del 95% de sus exportaciones. No obstante la agricultura de subsistencia constituyó el principal recurso de la mayoría de la población, ocupando cerca del 85% de la fuerza laboral, representando sin embargo apenas un 10% del PIB total. 

Impulsada por el crecimiento de la producción petrolífera, entre los años 2003 y 2008 la tasa media de crecimiento fue superior al 15% cada año, posicionando a Angola en el pódium de los países con mayor crecimiento mundial. Ya con la crisis financiera mundial de 2008 y ahora con un descenso de producción de petróleo por causas técnicas, provocaron que entre 2009 y 2013 la tasa media de crecimiento bajase a un 4%. 

Los descensos de la producción de petróleo y definitivamente el desplome de la cotización internacional de esta materia prima desde mediados de 2014, condujeron a un tasa de crecimiento negativo en 2014 de -3.5%.

Ya inicialmente para 2015 el Ejecutivo angolano presentó unos presupuestos públicos de relativa austeridad, con una previsión de crecimiento del 9.7%, que de haberse hecho realidad supondría la menor tasa de crecimiento desde 2007. Sin embargo, la mayor bajada de los precios internacionales del petróleo, hizo que se modificasen esos presupuestos públicos, revisando las previsiones de crecimiento hasta el 6.6%.

Expertos internacionales como Economist Intelligence Unit (EIU) prevén un crecimiento para 2015 del PIB de Angola del 3.4%, basándose en el escaso consumo del sector público y un aumento de la producción petrolífera inferior a lo previsto (está ahora en aproximadamente 1.85 millones de barriles / día, cuando el objetivo establecido por la petrolera angolana estatal Sonangol era de 2 millones de barriles / día). 

La modificación de los presupuestos estatales es una reacción normal y lógica al cambio de escenario en el que se vio inmersa la economía de Angola. Sin embargo, la maquinaria de la burocracia angolana hizo presencia con su lentitud y poca eficiencia, al no disponer de los nuevos planes hasta casi terminado el primer trimestre de este año. Un valioso tiempo perdido, con unos mercados e inversores internacionales, tan necesarios para esa economía, expectantes por su reacción y de otras medidas anunciadas por el ejecutivo, que aún no se han hecho efectivas.

Durante los años de bonanza petrolera, Angola no logró, casi ni siquiera comenzó, la necesaria tarea de recuperar su sector industrial, meramente testimonial, lo que lo convierte en un país enormemente dependiente de las importaciones. Se da la paradoja, que hasta hace pocos años no se empezó a refinar petróleo para convertirlo en gasolina, con lo que se exportaba petróleo y se importaban sus derivados. Aun así la capacidad de refino nacional es escasa, y aun se sigue importando gasolina, pero se han eliminado los incentivos fiscales que favorecían su venta a un precio muy bajo, impactando directamente en los bolsillos de sus ciudadanos y empresas.

La situación de Angola, desde el inicio del siglo XXI, con la llegada de la ansiada paz nacional, era la de un ejemplo de escuela de lo que realmente es un país emergente. Por un lado su riqueza de recursos naturales, que le dan una capacidad de exportación superior a otros países, un crecimiento económico superior a la media, proveniente de una situación anómala y un tejido industrial escaso, que la hacen enormemente dependiente de las importaciones.

Ya en el año 2011, con la reforma de la Ley de Inversión Extranjera, que entre otras cosas, estableció un mínimo de inversión de un millón de dólares, hizo que la capacidad de recibir Inversión Extranjera Directa (IED), se viese afectada de forma importante.

La captación de IED es esencial para un país como Angola, la cual es la sustituta de una estructura industrial débil y escasa y la poca cualificación de la mano de obra local. En su lugar en los últimos años se dieron una serie escenarios, donde las normas y leyes promulgados por el gobierno estaban dirigiendo su economía a una situación de proteccionismo de su industria nacional. Pero, ¿para proteger una industria que no existe? Ahí se cometió un grave error, que urge ser solventado.


En el 2014 fueron anunciados unos límites en la importación de ciertos alimentos, que encendieron las luces a alarma de exportadores e importadores (Nova Pauta Aduaneira dos Dereitos de Importação e Exportação. 01/04/2014). La filosofía de la norma publicada, se orienta hacia la protección de la producción local, frente a las importaciones que podrían restarle mercado, pero esa producción nacional aun es escasa e ineficiente. Así pasaron los aranceles de algunos productos del 30% al 50%. Ahora a mediados de julio de 2015, esta norma está en revisión por parte de las autoridades angolanas, sin plazo para resolver.

Con las modificaciones de los presupuestos estatales, se anunciaron una serie de medidas para impulsar su economía, que o bien aún no han sido hechas realidad o que su impacto es más bien escaso. Ahí podemos observar como después de haber sido prohibida la importación de vehículos de segunda mano, ahora se vuelve a permitir, en ciertas circunstancias.

Otras de las medidas anunciadas, y que debería ser un estímulo real a su economía, fue la reforma de la Agência Nacional de Investimento Privado (ANIP), la cual debería desdoblarse en dos agencias, una con la función actual de regular la IED y otra para promover y facilitar la inversión privada interna, y el impulso de las pequeñas y medianas empresas, esenciales en cualquier economía. La realidad es que ni está la reforma, ni se la espera 

Para mayor complejidad de la situación en el mes de junio de 2015, fue creada una nueva norma fiscal que grava con un 10% de impuesto las transferencias al extranjero. Con un mercado financiero totalmente dependiente de las divisas extranjeras, ya que son las que soportan la moneda local (Kwanza), lo que va a ocurrir es una fuerte devaluación de su moneda, elevar la inflación y hacer crecer el mercado negro de cambio de divisas, que ya dobla el cambio oficial. Ya se han comenzado a ver intermediarios financieros, que actuando de manera independiente y fuera del sistema oficial, ofrecen realizar los pagos en el exterior a cambio de elevadas comisiones. 

Hay una fecha marcada en color rojo en las agendas de todo aquel que tiene intereses en Angola. 2017: año de elecciones presidenciales. José Eduardo dos Santos, presidente de Angola desde 1979, con toda probabilidad se presentará con 75 años de edad, ¿o habrá llegado el momento del relevo? Su elevada edad hace que deba tenerse especial interés a las noticias que se generan, de manera interesada o no, sobre una posible sucesión. Una eventual confrontación entre candidatos, podría ser un golpe difícil de superar para la credibilidad de Angola. Mientras hay expertos que debaten sobre candidaturas a la presidencia dentro de la familia dos Santos, no debe olvidarse a su eterno paladín, Manuel Vicente, que tendrá 61 años en el año 2017. 

Angola no puede esperar hasta el año 2017 para dar un giro a su economía, fortaleciendo su imagen internacional y debe desde ya acometer una serie de medidas que se esperan con ansia. Lo expuesto hasta ahora no significa que Angola haya dejado de ser un país interesante para invertir y exportar, solo que las dificultades han cambiado y el escenario ha cambiado.

Es urgente que realice una reforma de la Ley de Inversión Extranjera, y que promulgue la norma que organice y regule la inversión de pequeñas y medianas empresas, las inversiones de menos de un millón de dólares. Esta norma está en anuncio desde el año 2011, pero no hay indicios que pueda ver la luz en un plazo razonable. Deberá coordinar el proteccionismo de su escasa industria con la necesaria captación de IED.

Deberá modernizar y promover la convergencia en estándares internacionales su sistema financiero. Serán medidas encaminadas a fortalecerlo y que eviten la necesidad de dobles y hasta triples garantías para sus exportadores no petrolíferos.

Debe orientar sus esfuerzos, no solo en las grandes inversiones, sino también en las pequeñas y medianas empresas, a semejanza de todas las economías internacionales, donde son las mayores creadoras de empleo.

Será necesario que o bien comience a establecer Tratados de Libre Comercio (TLC) o se integre en Zonas de Libre Comercio (ZLC), como puede ser la Comunidad de Desarrollo de África Austral (Southern African Development Community – SADC), que permitan el libre movimiento de bienes. Una eventual inclusión en una ZLC inicialmente resultaría perjudicial para una posición de exportador hacia Angola, al estar sujeto a aranceles, pero sería crucial para aumentar la captación de IED, que desde una posición de implantación efectiva en Angola, daría acceso no solo al mercado angolano, sino al del resto de miembros de la ZLC.

Los próximos años serán cruciales para Angola, debe mejorar con apremiante urgencia su capacidad de crear normas y leyes de forma eficiente, que permitan tomar medidas más rápidamente frente a los cambios económicos, y que no la conviertan en un gigante con los pies de barro, sin la suficiente agilidad y flexibilidad.

Extracto del artículo "Angola, quo vadis", publicado originalmente en la revista InMarket Nº 010.

Uso de los artículos. Los materiales publicados pueden ser reproducida con fines no lucrativos, siempre y cuando se cite la fuente completa y su dirección electrónica. De otra forma requiere permiso previo por escrito de la institución y autor. (Revista InMarket, Diario del Exportador, Lima, Perú).

Comentarios:

0 comments: