Geopolítica en Oriente Medio y Norte de África en transformación

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geopolítica en oriente medio

La geopolítica en Oriente Medio y Norte de África evoluciona en medio de rivalidades históricas, tensiones religiosas, disputas territoriales y la intervención de potencias externas.

La región es un punto de encuentro estratégico entre Europa, África y Asia, y un área crítica para el suministro global de petróleo y gas. Aunque los conflictos siguen dominando la agenda, también emergen dinámicas de cooperación, nuevas alianzas y esfuerzos por diversificar economías dependientes de los hidrocarburos.

Al mismo tiempo, actores globales como Estados Unidos, China y Rusia ajustan su influencia, mientras potencias regionales –como Irán, Arabia Saudita, Turquía, Israel, Egipto o Argelia– buscan expandir su margen de maniobra en un contexto altamente volátil.

Ejes que estructuran la geopolítica en Oriente Medio y Norte de África

A continuación examinamos 10 factores que marcan la evolución política, energética y de seguridad en la región de Oriente Medio y Norte de África. 

1. Rivalidad entre Arabia Saudita e Irán

La confrontación entre Arabia Saudita e Irán continúa definiendo la arquitectura política del Golfo. Aunque ambos países reanudaron relaciones diplomáticas en 2023 con mediación de China, la competencia por la influencia regional persiste. Las tensiones se reflejan en conflictos por poderes interpuestos en Yemen, Líbano, Irak y Siria, donde cada uno respalda a facciones opuestas con distintos recursos financieros y militares.

El trasfondo religioso entre el islam sunita saudí y el chiita iraní amplifica las diferencias políticas. Sin embargo, la rivalidad contemporánea se basa menos en religión y más en seguridad, control energético y ambiciones estratégicas. La influencia de Irán se extiende a través de actores como Hezbolá, milicias iraquíes y grupos armados sirios, mientras Arabia Saudita fortalece vínculos con socios como los Emiratos Árabes Unidos y coopera con Estados Unidos en defensa.

La dinámica se ha complejizado tras los ataques de 2024 y 2025 entre Israel e Irán, que generaron mayores tensiones en la región. Aunque ambos países evitan una confrontación directa, los movimientos militares, ciberataques y retórica agresiva indican un equilibrio frágil que afecta a todo Oriente Medio. Esta rivalidad seguirá influyendo en la política regional, más aún si el entorno de seguridad se deteriora por la carrera armamentista y el desarrollo nuclear iraní.

2. El Golfo y la competencia energética estratégica

Los países del Golfo mantienen un rol central en la economía global debido a sus reservas de petróleo y gas. Estados como Arabia Saudita, Irak, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos dependen de estas exportaciones, mientras que el Estrecho de Ormuz concentra alrededor del 20 % del comercio mundial de crudo. Este punto marítimo es crítico para la seguridad energética global y un foco de tensión entre Irán y los países árabes.

La infraestructura energética, incluidos oleoductos, refinerías y terminales marítimas, es vulnerable a ataques y sabotajes. Incidentes atribuidos a actores patrocinados por Irán en 2019 y posteriores ataques con drones han incrementado el riesgo de interrupciones en la cadena de suministro global. Estas tensiones pueden generar fluctuaciones en los precios internacionales del crudo.

La transición energética global empuja a los países del Golfo a diversificar sus economías. Iniciativas como Visión 2030 de Arabia Saudita y proyectos de hidrógeno verde impulsados por los EAU buscan reducir la dependencia del crudo. Sin embargo, la región seguirá siendo vital para los mercados energéticos durante varias décadas, ya que posee los costos de producción más bajos del mundo.

3. Siria como epicentro de conflictos globales

Tras casi quince años de guerra, Siria sigue siendo un escenario dividido donde convergen intereses de múltiples potencias. El colapso final del régimen de Assad en 2024 generó un vacío de poder que intensificó la competencia regional. La presencia de Rusia, Irán, Turquía, Estados Unidos, Israel y diversos grupos armados ha fragmentado el mapa político del país.

Moscú mantiene presencia militar y busca retener influencia en el Mediterráneo. Teherán, por su parte, utiliza Siria como corredor estratégico hacia el Líbano para fortalecer a Hezbolá. Turquía sigue enfocada en impedir una consolidación kurda en el norte, mientras Israel actúa militarmente contra instalaciones iraníes. Las dinámicas entre estos actores dificultan cualquier proceso de reconstrucción o estabilización.

La crisis humanitaria sigue siendo una de las más graves del mundo, con millones de desplazados y servicios básicos colapsados. La comunidad internacional enfrenta el desafío de coordinar asistencia mientras el país permanece fragmentado entre múltiples autoridades locales.

4. Herencia del Estado Islámico en Irak y Siria

Aunque el territorio controlado por el Estado Islámico desapareció, su estructura insurgente continúa activa. Células dispersas realizan ataques selectivos en Irak y Siria, aprovechando la debilidad institucional, la corrupción y las tensiones sectarias. La destrucción de ciudades clave dejó vacíos de seguridad que impiden una recuperación plena.

En paralelo, surgieron grupos afiliados en regiones tan diversas como Afganistán, Libia, Sri Lanka, África Occidental y el Sahel. Esto demuestra que la ideología del grupo sigue teniendo capacidad para inspirar ataques fuera del Levante. A nivel regional, la falta de coordinación entre gobiernos y la persistente rivalidad entre Irán, Turquía y los países árabes dificultan esfuerzos conjuntos para prevenir la reagrupación del grupo.

Los campos donde permanecen familiares y excombatientes representan un desafío para la seguridad y los derechos humanos. Su gestión requiere una estrategia internacional que combine reintegración social, desarrollo económico y control antiterrorista.

5. El alcance regional de Hezbolá

Hezbolá continúa siendo uno de los actores no estatales más influyentes del Oriente Medio. Aunque surgió como movimiento de resistencia durante la ocupación israelí de Líbano, evolucionó hacia un actor político-militar con representación parlamentaria y capacidad para influir en decisiones del Estado libanés. Su red financiera, que incluye operaciones ilícitas en América Latina y África Occidental, proporciona fondos adicionales a los transferidos por Irán.

Tras la intensificación de intercambios de misiles con Israel en 2024 y 2025 y la muerte de Hassan Nasrallah, el grupo atraviesa una transición interna. Su estructura militar sigue operando en el sur de Líbano, mientras sus vínculos con milicias en Siria e Irak amplían su alcance regional. El desafío para Líbano es combinar estabilidad política con el desarme gradual del grupo, algo que hoy parece poco probable.

La interacción entre Hezbolá e Israel incrementa el riesgo de un conflicto abierto. Cualquier escalada tiene potencial de arrastrar a actores regionales y globales.


6. Israel, Irán y el riesgo de escalada nuclear

El riesgo de escalada nuclear entre Israel e Irán, que se preveía como una amenaza futura, se ha cristalizado en una crisis militar activa a finales de 2025. El catalizador es el programa atómico de Teherán, que ha avanzado críticamente en el enriquecimiento de uranio, manteniendo reservas al 60% de pureza. Expertos internacionales y el OIEA confirman que Irán posee ahora suficiente material para producir la sustancia fisionable para múltiples armas nucleares en un plazo de tiempo extremadamente corto (breakout time), una situación que Israel considera una amenaza existencial ineludible.

La tensión se desbordó en una guerra directa en junio de 2025, la cual incluyó ataques masivos con misiles iraníes y, crucialmente, la respuesta de Israel y EE. UU. con bombardeos a instalaciones militares y nucleares iraníes, como Natanz y Fordow. Estos ataques, aunque causaron daños temporales, han llevado el riesgo a un punto de no retorno: las negociaciones multilaterales están completamente estancadas, aumentando el peligro de un error de cálculo militar. El OIEA ha advertido sobre el riesgo de una catástrofe nuclear regional si la central nuclear civil de Bushehr fuera atacada.

La inminente capacidad nuclear de Irán está reconfigurando la dinámica de poder en la región. El miedo a una carrera armamentista se ha intensificado, con naciones como Arabia Saudita, Turquía y Egipto dejando claro que no aceptarán un monopolio nuclear chiita en Oriente Medio. La falta de canales diplomáticos efectivos y la elevada militarización fronteriza han establecido un estado de peligro crítico y latente que define la geopolítica regional a finales de 2025..

7. Organismos regionales: capacidad limitada

La Liga Árabe y el Consejo de Cooperación del Golfo (GCC) muestran escasa cohesión. Aunque ambos buscan promover cooperación económica y seguridad, sus logros son desiguales. La Liga Árabe no ha logrado influir significativamente en conflictos como Siria, Yemen o Libia. Los intentos de mediar acuerdos suelen quedar bloqueados por intereses divergentes entre sus miembros.

El GCC ha impulsado iniciativas de integración económica y defensa, pero enfrenta sus propias tensiones internas. La crisis diplomática entre Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Catar entre 2017 y 2021 debilitó su credibilidad y demostró la fragilidad de sus mecanismos de resolución de disputas.

En ausencia de una arquitectura regional sólida, la región depende de intervenciones externas o acuerdos bilaterales para gestionar las crisis.

8. Competencia por el agua: Egipto y Etiopía

La disputa por el control del Nilo es una de las tensiones más persistentes entre Egipto y Etiopía. El desarrollo de la Gran Presa del Renacimiento intensificó preocupaciones en El Cairo, que teme perder acceso a recursos hídricos vitales. Esta tensión se agrava por el crecimiento poblacional y el impacto del cambio climático.

Las negociaciones bajo la Unión Africana y mediadores internacionales han tenido resultados limitados. La retórica política en ambos países oscila entre cooperación y advertencias de acción unilateral. Para Egipto, el Nilo es una cuestión de supervivencia. Para Etiopía, es un pilar de su desarrollo energético.

Otros ríos de la región –como el Éufrates, Tigris y Jordán– también enfrentan presión debido a la sobreexplotación y el cambio climático. Esto convierte el acceso al agua en un factor geopolítico crítico para las próximas décadas.

9. Argelia y Marruecos: competencia en el Magreb

El Magreb experimenta crecientes tensiones entre Argelia y Marruecos. La disputa por Sáhara Occidental ha sido el eje central de la confrontación. Marruecos controla la mayor parte del territorio, mientras Argelia apoya al Frente Polisario y reclama un referéndum de autodeterminación.

Ambos países buscan proyectar influencia regional. Argelia, con abundantes recursos energéticos, fortalece vínculos militares con Rusia. Marruecos, por su parte, normalizó relaciones con Israel y mantiene cooperación estrecha con Estados Unidos y Europa. La ruptura diplomática de 2021 congeló amplias áreas de cooperación bilateral.

La competencia entre ambos afecta el desarrollo económico del Magreb, limita la integración regional y mantiene vigentes riesgos de escalada.

10. Israel y Arabia Saudita: potencial para nuevas alianzas

Los esfuerzos para normalizar relaciones entre Israel y Arabia Saudita avanzaban antes de los ataques de 2023 y la guerra en Gaza. Aunque las negociaciones están suspendidas, no se han descartado completamente. Ambos países comparten intereses en contener a Irán, desarrollar rutas comerciales y explorar cooperación energética y tecnológica.

Un acuerdo formal crearía una arquitectura estratégica novedosa en la región. Sin embargo, cualquier avance depende de factores delicados: la evolución del conflicto palestino-israelí, la presión interna en Riad y las preocupaciones de actores regionales. La reanudación de negociaciones aún requiere condiciones políticas más estables.

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