Cómo se estructura la negociación entre países

0
la negociación

La negociación entre países es un proceso habitual. Ninguna relación internacional está libre de desacuerdos, intereses divergentes o tensiones que requieren procesos formales para gestionarse. Desde el territorio, el comercio y la seguridad, hasta la cooperación climática o la gestión de conflictos, prácticamente todos los asuntos que conectan a dos o más Estados pueden convertirse en una negociación.

Las economías abiertas, los flujos globales y las interdependencias han hecho que la negociación sea indispensable para evitar escaladas, garantizar estabilidad y construir acuerdos capaces de sostenerse en el tiempo. En esta línea, entender cómo se construyen, qué determina su éxito y qué implica fracasar en ellas es fundamental para cualquier líder, diplomático o empresa que opere en un entorno internacional competitivo.

¿Por qué la negociación entre países es la base de la política exterior?

El contexto: el factor invisible que determina el éxito

Las negociaciones nunca ocurren en el vacío. Cada proceso está condicionado por un conjunto de factores que moldean lo posible y lo imposible. Entre ellos destacan:
  • Relación previa entre las partes: alianzas, desconfianzas, conflictos abiertos.
  • Historia de acuerdos fallidos o exitosos: que influye en el nivel de optimismo.
  • Situación interna: cambios de gobierno, opinión pública, capacidad de comprometerse.
  • Fuerza relativa de cada actor: política, económica o militar.
  • Presencia o ausencia de violencia: las guerras modifican incentivos.
  • Presión internacional: actores externos con influencia, desde potencias hasta organismos multilaterales.
  • Intereses domésticos: grupos empresariales, sectores sociales, coaliciones políticas.

Este contexto define cuánto margen de maniobra tiene cada negociador. Un país puede desear un acuerdo, pero si su gobierno no tiene legitimidad interna —o teme perder apoyo político—, la negociación puede estancarse incluso cuando existe voluntad técnica para avanzar.

Cómo se estructuran las negociaciones

La arquitectura de una negociación entre países puede adaptarse a una variedad enorme de escenarios. No existe un modelo único; cada proceso se diseña según el conflicto, sus actores y sus objetivos.

1. Negociación bilateral o multilateral

  • Bilateral: dos países que buscan resolver un tema específico (ej. pesca, comercio, fronteras).
  • Multilateral: varios países, con reglas más formales y con apoyo institucional (ej. OMC, ONU, COP).

2. Negociación directa o con mediación

La mediación o facilitación es usual en conflictos sensibles. Pueden intervenir:
  • Potencias (Estados Unidos, Unión Europea).
  • Organismos (ONU, OEA).
  • Actores neutrales (Suiza, Noruega).

El mediador agrega recursos, incentivos y legitimidad, además de facilitar la comunicación.

3. Acuerdos amplios o parciales

Hay negociaciones que intentan resolver todo el problema; otras abordan una parte específica. En ocasiones, los países optan por acuerdos graduales para construir confianza.

4. Incentivos externos

Los incentivos son herramientas para mover posiciones. Ejemplos:
  • Financiamiento.
  • Apoyo militar o tecnológico.
  • Reducción de sanciones.
  • Acceso a mercados.

En Medio Oriente, Estados Unidos ha usado incentivos militares para alentar compromisos entre Israel y actores árabes, incrementando la disposición a transar.

5. Negociación pública o reservada

La comunicación afecta la flexibilidad. Conversaciones discretas reducen costos políticos, mientras que la exposición pública puede presionar a los negociadores a endurecer posiciones.

Estas opciones muestran por qué la estructura de una negociación puede adaptarse prácticamente a cualquier tema o circunstancia.


Negociación vs. consultas

En diplomacia se habla mucho de negociación, pero con frecuencia lo que ocurre son consultas. Aunque ambas interacciones son importantes, cumplen funciones distintas.

Consultas: diálogo preventivo y de entendimiento mutuo

Las consultas diplomáticas buscan comprender la postura del otro, anticipar movimientos y compartir información relevante. No requieren un conflicto previo; son parte del trabajo cotidiano de embajadas y cancillerías. Son útiles cuando:
  • Los países buscan coordinar posiciones.
  • Se enfrentan a un desafío común (ej. cambio climático).
  • Quieren reducir incertidumbre.
  • Necesitan preparar el terreno para una futura negociación.

Funcionan como una inversión en previsibilidad: cuando los gobiernos se entienden mejor, disminuye la probabilidad de errores de cálculo.

Negociación: resolución de un desacuerdo concreto

La negociación aparece cuando existe un choque de intereses definido: un territorio, un arancel, un conflicto. Requiere más estructura, una agenda y compromiso de avanzar hacia un acuerdo. Su éxito depende de si ambas partes tienen incentivos para transar y capacidad para cumplir lo pactado.

Ambos procesos se complementan: las consultas pueden evitar crisis y también aumentar la probabilidad de éxito en una negociación futura.

El concepto de madurez: cuándo una negociación es viable

Uno de los aportes más relevantes al análisis de negociaciones internacionales es el concepto de madurez. Se refiere al punto en el que los líderes de cada país:
  1. Quieren un acuerdo.
  2. Pueden comprometerse políticamente a alcanzarlo.

Aún si un país desea resolver un conflicto, puede carecer de la fuerza interna para aceptar compromisos. El negociador necesita regresar a su capital y obtener respaldo de parlamentos, partidos o fuerzas armadas. Sin ese apoyo, firmar un acuerdo no tiene sentido.

La madurez depende de:
  • Costos crecientes de continuar el conflicto.
  • Fatiga social o política.
  • Cambios en liderazgos.
  • Presiones internacionales.
  • Incentivos nuevos.

Sin madurez, incluso las mejores propuestas fracasan. Así ocurrió en múltiples negociaciones en Chipre o Medio Oriente: las soluciones técnicas estaban claras, pero la política interna bloqueó su implementación.

Gestión en lugar de solución: cuando la negociación no es viable

No todos los conflictos pueden resolverse. En ocasiones, la mejor estrategia es gestionar la tensión para evitar que empeore. Durante la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética adoptaron múltiples acuerdos para administrar riesgos: líneas de comunicación directa, tratados de control de armas, protocolos de información mutua.

Estos acuerdos no resolvieron el conflicto ideológico, pero sí evitaron escaladas peligrosas. En diplomacia, administrar puede ser más realista que resolver.
Hablemos de...

Publicar un comentario

0 Comentarios

Publicar un comentario (0)

#buttons=(Ok, Go it!) #days=(20)

Our website uses cookies to enhance your experience. Check Now
Ok, Go it!